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Una nueva era en AFRAM
“Lo que hemos visto y oído”
Carta Circular a todos los
cohermanos en AFRAM
Después de las Visitas Generales de 2007
30 de enero de 2008
L 02 / 2008
Durante nuestras reuniones de
planificación en enero de 2008, hemos revisado las Visitas a Provincias,
Regiones y Misiones de AFRAM. Con esta carta nos gustaría compartir con ustedes
algunas de nuestras reflexiones sobre las Visitas. Sobre todo nos gustaría
compartir con ustedes la alegría de una nueva era en AFRAM, una era que está
marcada por la “madurez”, del crecimiento de la auto-confianza de nuestras
comunidades y de nuestro servicio misionero en la Zona. El número de cohermanos
en la Zona, especialmente de cohermanos nativos, continúa creciendo, y esto nos
ha permitido en los últimos seis años asumir nuevas iniciativas en Chad y
Sudáfrica, y también continuar asumiendo nuevas responsabilidades en los otros
países, regiones y provincias donde estamos trabajando. Pronto la Región
Togo-Benin se convertirá en Provincia, y Zimbabwe en una Misión independiente.
Creemos que la creciente auto-confianza se ha reflejado en las decisiones
tomadas en la asamblea especial de la Zona, que tuvo lugar en el 2006 en
preparación para el Capítulo General XVI referidas a la decisión de no pedirle
al capítulo que renovara la prioridad de la Congregación para AFRAM y proponer
una resolución sobre el logro de la auto-confianza de todas nuestras Provincias
y Regiones. Sobre todo, notamos y damos gracias a Dios por la continua expansión
de los programas de formación en la zona y el consiguiente incremento de
cohermanos africanos que trabajan en la zona y en otras provincias y regiones de
todo el mundo.
A la luz de la conciencia de
esta nueva era en AFRAM queremos compartir nuestras reflexiones con ustedes
sobre las situaciones sociales y eclesiales en las que realizamos nuestro
servicio misionero en AFRAM, y señalar también algunas áreas de nuestra vida
religiosa comunitaria que pueden reforzar nuestro servicio misionero, tema del
último Capítulo General. Somos conscientes de que hay grandes diferencias en la
situación de la sociedad, la Iglesia local y nuestras propias comunidades de
todo el Continente, pero hemos escogido algunos elementos que parecen ser
comunes a toda la Zona. De esta manera esta carta servirá como complemento a los
Protocolos de la Visitas individuales y una ayuda a la reflexión sobre nuestro
servicio y vida misionera en el contexto de esta nueva era a nivel zonal.
Como sub-tema de esta carta,
hemos elegido un pasaje de la primera carta de Juan que usamos como meditación
al inicio de la sesiones de planificación: “Les anunciamos lo que hemos visto y
oído, para que ustedes tengan también comunión con nosotros, pues nosotros
estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Les escribimos estas
cosas para que su gozo sea completo”. (1 Jn 1, 3) Compartimos con ustedes lo que
hemos visto y oído durante las últimas Visitas, y recordamos también nosotros
que toda nuestra vida y servicio misionero es un compartir de lo que hemos visto
y oído, la Palabra de Dios, para que podamos estar en comunión con Dios y toda
la gente, y que nuestro gozo sea completo.
1. Nuestro servicio misionero
a la gente de África.
1.1. De muchas formas, la
nueva era en AFRAM es un reflejo del amanecer de una nueva era en la sociedad
del continente. Los Lineamenta para la Segunda Asamblea Especial para
África del Sínodo de los obispos señala algunos de estos acontecimientos
positivos: “ la llegada de la paz en algunos países africanos, el ardiente deseo
de paz de todo el continente… la creciente oposición a la corrupción, una
profunda conciencia de la necesidad de promover a la mujer africana y la
dignidad de cada persona humana, el compromiso del laicado en la “vida civil”
para la promoción de la defensa de los derechos humanos, el creciente número de
políticos africanos que son conscientes y están determinados a encontrar
soluciones africanas para problemas africanos” (7).
1.2. Sin embargo, los
problemas persisten: “la mortalidad infantil que crece…el constante deterioro de
los ingresos persiste en algunos de los países más pobres de África, el acceso
al agua potable es todavía muy difícil para algunos… la gran mayoría del pueblo
africano vive en un estado de carencia de los bienes y servicios básicos” (8).
Algunos de los países donde trabajamos disfrutan ahora de la paz después de años
de guerra civil, pero todavía sufren los efectos de la destrucción espiritual y
física de la guerra. Algunos países tienen ahora un considerable desarrollo
económico, pero ese desarrollo y creciente prosperidad a menudo no tiene ningún
efecto en las vidas de los más necesitados. Todos los países de África están
experimentando una rápida urbanización, con efectos positivos de mayores
oportunidades para el avance individual, y también aspectos negativos de la
ruptura de las familias y de los vínculos sociales tradicionales, la
despoblación del campo y la sobrepoblación de las ciudades, del desempleo y la
miseria. A pesar de estar creciendo el sentimiento de pertenencia a una nación y
de la estabilidad en muchos de los Estados del Continente, el tribalismo
continúa siendo un problema en la política africana, y trágicamente en la vida
de pueblos que a veces han sido vecinos durante décadas.
1.3. Esta situación nos
renueva en el compromiso del servicio misionero del diálogo profético: para ser
testigos de lo que hemos visto y oído, para ser testigos del reino de Dios donde
todos somos llamados por igual a la comunidad, con una actitud de solidaridad
con todos (especialmente con aquellos que sufren los efectos de la guerra, del
tribalismo y las consecuencias negativas del actual desarrollo social) con
respeto por cada individuo y los aspectos positivos de la cultura tradicional
(tales como el énfasis en las relaciones, la conversación, la hospitalidad y la
celebración) y con un amor que abraza a todos y desafía a todos a tomar la
responsabilidad de sus propias vidas y también en la sociedad y en la vida
civil.
1.4. En concreto podríamos
preguntar: ¿Qué aspectos de pobreza y consecuencias negativas del cambio social
estamos llamados a afrontar en nuestro servicio misionero hoy? ¿Cómo podemos
ayudar para enfrentar la corrupción? ¿Qué podemos hacer para ayudar a las
familias? ¿Cómo podemos ayudar a los jóvenes para que aspiren y trabajen por una
sociedad mejor? ¿Cómo podemos ayudar a la gente a recuperar la propia estima
redescubriendo sus positivos valores culturales? ¿Cómo podemos ayudar a
despertar el sentido del deber y la obligación hacia los otros? Estamos
invitados a gastar nuestro tiempo y energías en buscar respuestas a estas
preguntas durante los encuentros comunitarios y las asambleas, para resaltar
nuestra contribución al pueblo africano, especialmente a través de la
perspectiva del diálogo profético con los pobres y marginados, con las culturas
y las religiones.
2. Nuestro servicio misionero
a las Iglesias locales de África.
2.1. La nueva era en AFRAM es
también un reflejo de los acontecimientos dentro de las Iglesias locales de
África. Por ejemplo. Los Lineamenta dan una lista de estos
acontecimientos: “El sobresaliente incremento en África del número de católicos,
sacerdotes y personas consagradas; el creciente número de misioneros africanos
en África y fuera del continente…; la vitalidad de las liturgias africanas y la
vitalidad de las comunidades eclesiales; la creación y reestructuración de las
diócesis y los territorios eclesiales; el creciente papel de la Iglesia en la
promoción del desarrollo del Continente, especialmente en educación, la salud,
la lucha por la emergencia de Estados legalmente constituidos a través del
continente africano; y, por último, a pesar de su debilidad, la gran
credibilidad que la Iglesia continúa teniendo entre los pueblos de África” (6).
2.2. Por otro lado, un aspecto
negativo de las Iglesias locales parece ser un fuerte y creciente clericalismo.
Esto es especialmente preocupante cuando consideramos que la Iglesia en África
ha sido capaz de crecer principalmente debido a los esfuerzos y la dedicación de
los catequistas laicos.
2.3. En nuestras
conversaciones con los obispos, con los consejos parroquiales y con otros, en
las últimas visitas, parece claro que las Iglesias locales de África nos piden
particularmente que compartamos con ellas nuestras dimensiones características y
nuestra internacionalidad. Somos conocidos especialmente por nuestro trabajo en
el apostolado bíblico y por la animación misionera, pero la situación de las
Iglesias locales en África también parece estar llamándonos a compartir más
nuestras dimensiones características de JPIC y Comunicación: Para trabajar con
la Iglesias en su lucha contra la corrupción, la destrucción medioambiental y el
tribalismo. La situación multiétnica de la sociedad y de las Iglesias donde
trabajamos también nos desafía a ser testigos de la diversidad y de la apertura
del Reino de Dios a través de una auténtica internacionalidad: Un verdadero
aprecio de los diferentes dones que aportamos a la comunidad a través de
nuestras herencias culturales y también la conciencia y la capacidad para
aprender y para enseñar los diversos signos culturales que muchas veces nos
llevan a la incomprensión e incluso al rechazo.
2.4. Estamos llamados también
a hacer otra contribución a las Iglesias locales de hoy: ayudarlas a tener
confianza en si mismas. Nuestras Constituciones dicen que: “Los Misioneros del
Verbo Divino consideramos que nuestra obligación es proclamar la Palabra de Dios
a todos los hombres, suscitar nuevas comunidades del Pueblo de Dios y promover
su crecimiento en comunión recíproca y con la Iglesia universal”. (c.102). Una
parte esencial de “suscitar nuevas comunidades y promover su crecimiento” es
ayudarlas a que se sostengan por sí mismas. La solidaridad, el compartir los
recursos con aquellos que los necesitan en situaciones de emergencia o en
proyectos particulares importantes es una parte importante de la comunión entre
las Iglesias que buscamos promover, pero la nueva era de las Iglesia locales en
África debe entrañar la capacidad de las Iglesias para sostener su vida
ordinaria y su propio crecimiento estructural. En nuestra teoría de la misión ya
hemos señalado desde hace tiempo los problemas de usar el dinero de fuera para
construir estructuras que la Iglesia local no puede mantener, y somos cada vez
más conscientes de que la mejor contribución que podemos hacer a las Iglesias
locales no es construir grandes estructuras, sino promover la formación de los
laicos y la responsabilidad común de la misión en la Iglesia local.
2.5. La situación financiera
de la Congregación ha hecho también imperativo que tomemos en serio la
conversión a la que apela el Capitulo General XVI: “Vivir el Diálogo Profético
en lo que se refiere a las finanzas implica realmente un cambio fundamental de
mentalidad. Necesitamos dejar atrás el estereotipo del misionero “que da cosas”
y vivir como compañeros de la gente, estando y trabajando con ellos, escuchando
sus voces y sus preocupaciones, sin estar preocupados por ser pobres o
vulnerables” (EDV6, 75).
3. Nuestra vida de comunidad
religiosa al servicio de nuestra misión.
3.1. El reciente Capítulo
General nos recuerda que nuestra vida de comunidad religiosa, la forma en que
nosotros vivimos el Diálogo Profético, es en sí mismo parte de nuestro servicio
misionero. Partiendo de las Visitas Generales, nos gustaría ofrecerles las
siguientes reflexiones como medio para resaltar esta parte de nuestro testimonio
en AFRAM.
3.2. Espiritualidad de la
Misión
En nuestro servicio misionero compartimos con los otros lo que hemos visto y
oído, el Verbo Divino. Pero para poder anunciar la Palabra de Dios en diálogo
profético, debemos primero ver, oír y experimentar en nosotros mismos, a través
de nuestra meditación y oración comunitaria, a través del compartir la Biblia y
del compartir nuestra experiencia de Dios en dirección espiritual, a través de
una vida vivida en solidaridad con la gente y nuestra escucha en diálogo, a
través de la situaciones sociales y eclesiales en las que vivimos. Estamos
llamados – individualmente, como comunidad y con la gente con la que trabajamos
– a ver y oír la Palabra de Dios hoy, a discernir cómo Dios actúa en las
situaciones concretas que vivimos hoy.
3.3. Comunidad en servicio de
la misión.
Como se menciona arriba, especialmente la internacionalidad de nuestras
comunidades es vista como una contribución positiva a la sociedad y a las
Iglesias locales donde trabajamos. Sin embargo, debemos preguntarnos a nosotros
mismos si nuestra internacionalidad no es, a veces, mera tolerancia, y no un
aprecio real – e incluso una celebración – de la diversidad. El vivir la
internacionalidad no puede dejarse simplemente a las buenas intenciones, sino
que debe trabajarse, incluyendo la formación y la educación para poder reconocer
los signos culturales y las dinámicas de comunicación intercultural. Estos
cursos o talleres deben ser parte de nuestra formación inicial, y también parte
de la introducción de los nuevos misioneros y de otras formas de formación
permanente para todos nosotros. En nuestras sociedades cada vez más
individualistas que son consecuencia de la urbanización, nuestras comunidades
están llamadas también a ser testigos de los valores tradicionales de la familia,
de la relación, la conversación y la hospitalidad. A pesar de la demanda de
nuestros varios apostolados, la llamada a ser testigos de estos valores nos
invita a que hagamos prioritario el participar en los actos comunitarios:
Comidas, oraciones, reuniones, celebraciones.
3.4. Liderazgo al servicio de
la misión.
En gran medida, la calidad de nuestra vida comunitaria de aquellos llamados al
servicio de liderazgo. Nuestros líderes están llamados a sacrificar su tiempo y
sus propios proyectos para cuidar de nuestras comunidades: promover el espíritu
de fraternidad y el compromiso con nuestro servicio misionero, para resaltar la
colaboración a través de la preparación de reuniones comunitarias fructíferas y
de promover el diálogo, y para cuidar la buena administración de nuestros
recursos comunes. En esto, son llamados a ser testigos para el tipo de liderazgo
político y eclesial que se necesita en la sociedad y en las Iglesia locales
donde trabajamos.
3.5. Finanzas como compromiso
a la misión.
El empuje para conseguir la auto-financiación es una de las indicaciones de la
nueva era en AFRAM y una contribución positiva que estamos llamados a hacer a
las Iglesias locales de África hoy. Como mencionamos arriba, implica un cambio
fundamental de mentalidad en la forma en la que conducimos nuestro servicio
misionero. Debemos ser cuidadosos en no confiar demasiado en inversiones o
actividades que generen ingresos, esto puede ser parte de la solución para la
auto-financiación de nuestras comunidades, pero debe emprenderse con prudencia y
consultando a aquellos que son expertos en áreas en las que nosotros no somos.
Más que poner nuestra confianza en la seguridad que este tipo de inversiones
parecen presentar (una seguridad que muy a menudo hemos comprobado que es falsa)
somos llamados a confiar en la generosidad de la gente con la que trabajamos, y
sobre todo a confiar en que Dios proveerá lo que realmente necesitamos para
nuestro servicio misionero.
3.6 Ser testigos efectivos
contra la corrupción también nos llama a ser transparentes en nuestros asuntos
financieros, y a vivir un estilo de vida sencillo exigido por nuestro voto de
pobreza. El Capítulo General enfatiza: “todos nuestros cohermanos deben tener
alguna formación en administración y contabilidad” (EDV6, 79). Necesitamos hacer
de esto una parte de nuestra formación inicial y de nuestra formación permanente
para realizar una buena administración, así como para resaltar la contabilidad
financiera y la transparencia.
3.7. Formación al servicio de
la misión.
Somos testigos unos con otros tanto como somos testigos con aquellos a los que
encontramos en nuestro servicio misionero. Nuestro propio compromiso personal de
vida “que ha crecido por el poder del Espíritu Santo en unidad con el Verbo
Encarnado del Padre y en una comunidad misionera que abarca miembros de muchos
países y culturas” (c 501) es el testimonio más efectivo que podemos dar a los
otros, especialmente a los cohermanos jóvenes en la formación inicial. Por esta
razón el Capítulo General XVI nos recuerda que “la formación es una tarea para
todas las Provincias y una obligación para todos los cohermanos y comunidades.
La situación general de la misión y de la vida de una provincia debería
contribuir a crear un clima favorable para la formación.” (EDV6, 89). Nuestros
programas de formación en África y la necesidad que se percibe de abrir nuevos
programas, es otro signo de la nueva era en AFRAM, por todo lo cual estamos
agradecidos. Pero esto también nos llama a volver a comprometernos con la
formación de nuestros jóvenes a través de la autenticidad de nuestra vida
religiosa comunitaria en el servicio de la misión.
3.8. En toda la Zona notamos
un gran interés en la realización de estudios superiores. Aunque el interés en
una educación superior es ciertamente recomendable, debemos recordar la
distinción entre estudios superiores y formación permanente. Los estudios
superiores se realizan para que un cohermano se prepare para un trabajo
especializado, y esto debe ser evaluado dentro de las diversas necesidades que
tienen la Provincia y la Congregación. Por el contrario, todos los cohermanos
son animados a participar en los cursos de renovación de Nemi y a los talleres
locales que se realizan periódicamente o a pequeños curso que forman parte de
nuestra formación permanente. Somos invitados especialmente a hacer uso de
programas ofrecidos por la Iglesia local y las asociaciones religiosas, en
cuanto esto puede ayudarnos en nuestra misión en las provincias, regiones y
misiones de la zona.
4. Conclusión
Los invitamos a hacer uso de
esta carta para ser reflexionada en nuestras comunidades y casa de formación,
juntamente con la carta escrita después de la Visita de hace seis años. Creemos
que muchas de nuestras sugerencias hechas entonces son todavía válidas, y por lo
tanto merecen ser tomadas de nuevo en consideración. Una vez más les damos las
gracias por haber tenido el privilegio de ver y oír durante las recientes
visitas a las Provincias, Regiones y Misiones de AFRAM, por lo que se ha logrado
por la gracia de Dios y el poder del Espíritu en la entrada de una nueva era
para los pueblos y las Iglesias locales de África, al igual que para nuestras
comunidades SVD de la Zona AFRAM. En este espíritu de gratitud. Comprometámonos
de nuevo a discernir cómo podemos cumplir mejor nuestra llamada al servicio
misionero en AFRAM hoy, y cómo estamos llamados a vivir el diálogo profético en
nuestras comunidades y con la gente con la que trabajamos.
Fraternalmente en el Verbo
Divino,
Antonio M. Pernia, SVD
Superior General
Emmanuel Kofi Fianu, SVD
Secretario General
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